Desde el primer hasta el último día, Francisco Franco ‘legitimó’ su dictadura mediante la política exterior. El dictador disfrazó su guerra de ‘cruzada’ y su régimen, de trinchera anti-comunista. Eso le valió el favor de las potencias mundiales, que renunciaron a actuar contra el franquismo y hasta colaboraron con la dictadura.
Ahora, en pleno S. XXI, ese hombre que compite en tiranía con Fidel Castro y en ignorancia con Evo Morales, legitima su régimen de falsa democracia mediante sus extravagantes proclamas contra lo que él llama genéricamente ‘Occidente’. Chávez, al que ya se dedicó un artículo en esta bitácora, se presenta como el bueno y los demás serán, lógicamente, los malos. Bajo esa premisa, y una vez eliminada la oposición (política, mediática…), es evidente que el pueblo asociará su miseria con ‘Occidente’ y olvidará la corrupción y el despotismo totalitario que les gobierna y motiva realmente esa miseria.
Por eso, porque persigue la ‘colectivización’ (como todo izquierdista) y no la defensa de la libertad individual, le molesta tanto José María Aznar. Le molesta porque Aznar es una de las pocas formas de oposición que le quedan a un hombre que en su país ha encarcelado a sus adversarios políticos y cerrado todos los medios de comunicación que han intentado despertar al pueblo de este mal sueño llamado Chávez.
El fabuloso trabajo de la Fundación FAES del ex presidente español es ya una referencia internacional. Libros como ‘América Latina: una agenda de libertad’ demuestran que ese compromiso intelectual es real y de amplia acogida en varios continentes.
Eso no puede gustar a Chávez. Por eso ha dedicado media Cumbre Iberoamericana a insultar a José María Aznar, llamándole ‘fascista’ (gracioso término viniendo de su boca) en reiteradas ocasiones. Ante tal comportamiento, nuestro querido presidente Zapatero puso en práctica ese ‘buenismo’ al que nos tiene acostumbrados, pidiendo respeto pero a la vez apelando al diálogo. Sigue sin darse cuenta de una cosa: no se puede dialogar con todo el mundo ni sobre cualquier cosa. Existen los principios.
Le pasó con ETA, creyendo que como representante de todos los españoles podía igualarnos con una banda de asesinos y negociar con ellos como quien acude al banco para solicitar un crédito.
Le pasa ahora con Chávez, porque se ha empeñado en abrazar lo que queda del socialismo más radical (de ahí su amistad con Chávez y Evo Morales y su política de acercamiento con Fidel Castro) en vez de situar a España donde merece su importancia económica, cultural e histórica (es decir, junto a Francia, Alemania, Gran Bretaña, EEUU…).
Ese dialogo ha permitido una posición de preponderancia a quien no la tiene. Por eso ha tenido que intervenir el Rey Juan Carlos I, porque la diplomacia de Zapatero es tan ridícula que el presidente francés Nicolás Sarkozy tuvo que ir al Chad al rescate de las azafatas españolas retenidas, mientras el gobierno mostraba hasta qué punto nos hemos convertido en un crepúsculo de la política internacional.
Ese ‘¿Por qué no te callas?’ que escuchamos de boca del Rey viene de un hombre que sabe lo que es el fascismo y lo que es la democracia, y ha optado por defender lo segundo; viene de un hombre que goza de un prestigio internacional indiscutible. En definitiva, viene de un hombre que sólo por el hecho de tener que sentarse en la misma mesa que Evo Morales y Hugo Chávez tiene derecho a sentir la más profunda vergüenza. Y España no tiene por qué soportar la ofensa de un hombre que olvida que la democracia no consiste en organizar unas elecciones (en su caso, amañarlas y celebrarlas en la ausencia de oposición política previamente conseguida). La democracia viene del comportamiento democrático, de garantizar día tras día un marco legal y político en el que se viva en libertad. Eso no ocurre en Venezuela.
La conclusión es que la diplomacia española es insignificante, y por eso ha tenido que intervenir el Rey. Moratinos compite en incompetencia y necedad con Magdalena Álvarez. Zapatero, por su parte, ha decidido convertir un partido político en una productora de vídeos de serie B y ha conseguido el aislamiento de España en el mundo.
Qué curiosa es la historia. Eso, el aislamiento, es lo mismo que persiguió Franco durante cuarenta años.
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