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viernes 22 de febrero de 2008

San Gil, Nadal y Díez: 'ejemplo de crispación'

Aunque la propaganda socialista insiste en que el Partido Popular sólo aporta ‘crispación’ a la vida política, lo cierto es que el socialismo español puede y debe ser identificado como el verdadero artífice de la conflictividad política y social que vivimos desde 2004.

La consecuencia de un Gobierno escorado a la ultraizquierda es la radicalización de las bases políticas. Así lo demuestran los recientes intentos de agresión sufridos por tres destacadas dirigentes políticas (María San Gil, Dolors Nadal y Rosa Díez).

El silencio informativo ha condenado a Rosa Díez y su interesante UPyD a un estatus de anonimato que hace que su opción se convierta más en un proyecto ilustrado que en un partido de grandes números. Recientemente, Rosa abandonó su injusto entierro mediático para aparecer en los titulares rodeada de exaltados. ¿Su pecado? Se disponía a dar una conferencia en una Universidad madrileña, al igual que San Gil en Santiago de Compostela o Nadal en Barcelona.

Si bien hay quien habla de Marzo de 2004 como el comienzo de este clima de enfrentamiento, debemos tener en cuenta que desde sus años en la oposición, Rodríguez Zapatero y el imperio mediático que soporta al PSOE apostaron por una oposición especialmente dura, como demuestran sus campañas de agitación y demagogia tras la catástrofe del Prestige o la intervención militar en Irak.

Por tanto, lo sucedido desde el convulso mes de Marzo de 2004 hasta estas Elecciones Generales era previsible. Zapatero ha propiciado un clima de enfrentamiento que se puede y se debe vincular directamente con estos deleznables ataques a la libertad de expresión que han sufrido las dirigentes antes citadas.

La tibieza gubernamental ante este tipo de agresiones no es sino una muestra más de que este Gobierno se mueve mejor en aguas revueltas. Zapatero prefiere la ‘tensión’ y el ‘dramatismo’ (como le reconocía recientemente a su portavoz no oficial, Iñaki Gabilondo), porque sabe que en condiciones de moderación y democracia, su discurso radical revestido de ‘buenismo’ se cae por su propio peso.

Por si en el PSOE y en su órbita radical aún no lo tienen claro, los malos son los enemigos de la libertad, los que atacan contra ella. Si pensamos en las Elecciones, es lógico tener miedo cuando un partido como UPyD entierra el socialismo rancio y radical y aboga por una auténtica regeneración democrática. También con la mente en los comicios, es normal tenerle miedo al discurso anti-separatista y antiterrorista de San Gil y Nadal. Pero hay ocasiones en las que, por encima de cualquier interés, están la libertad y los principios. Y si el PSOE no condena este tipo de actos, se está convirtiendo en cómplice.

Quiero cerrar con las declaraciones de Rosa Díez tras el intento de agresión. Son palabras que uno espera que algún día compartan todos los partidos políticos, y no sólo algunos:

‘Una democracia está en riesgo cuando la oposición es la que tiene que ir protegida’.