Magdalena Álvarez, también conocida como ‘Lady Aviaco’, ejemplifica a la perfección lo que ha sido el régimen de Z. Total falta de gestión, incompetencia manifiesta… Los calificativos se amontonan. El problema es que Magdalena, además, presume de ignorante en cada comparecencia pública, en las que evidencia, como Blanco o Montilla, que el sistema educativo español no da para mucho. Pero ese es otro tema.
Esta semana presumía ser dura para la Ministra, cuya reprobación venía siendo pedida desde hace meses por diferentes grupos políticos. La Ministra malagueña (cuyo leit motiv en política es su antológica y filosófica frase ‘antes partía que doblá’) ha sido capaz de unir a la ultraizquierda (IU-ICV, ERC…) con el PP, algo que no se ve todos los días. Sin embargo, la votación para su reprobación no salió adelante gracias a un nuevo espectáculo ‘made in Ferraz’.
Veamos. De entrada, Z contaba con el apoyo de la Chunta Aragonesista, Nueva Canarias, PNV y el tránsfuga Joaquín Calomarde. Buena compañía. Pero hacía falta superarse, hacía falta escribir algo que ni El País ni la SER ni CUATRO pudiesen defender. Y Z lo ha conseguido: ha frenado la reprobación de la Ministra comprando el voto del Bloque Nacionalista Gallego. Repito: comprando el voto del Bloque Nacionalista Gallego.
El precio ha sido, según informaciones de varios diarios, superior a los 51 millones de euros, así como la transferencia de nuevas competencias a Galicia. Esto evidencia, una vez más, la extraña manera de negociar que tiene Z, que en este caso ya recuerda a la mafia italiana. Magdalena debe estar muy contenta. Su cabeza vale 51 millones de euros y más cesiones a los nacionalistas, que no es poco.
Este acuerdo muestra hasta qué punto ha perdido la vergüenza el Señor Z. Está dispuesto a mantener a una Ministra inútil en su Gobierno, y ahora ha demostrado que está dispuesto a mantenerla a toda costa, al precio que sea. También queda claro que Z no cree que todos los españoles somos iguales, y esta vez aplica la regla favoreciendo al BNG. Esos 51 millones de euros son los 51 millones de euros de la vergüenza que ha sido su Gobierno; son los 51 millones del chantaje nacionalista pero también son los 51 millones de la falta de principios socialista.
Tampoco el BNG debería estar tan contento de este acuerdo. Ha permitido la permanencia en el Gobierno de la misma Ministra que ha estancado el Plan Galicia (del que dijo literalmente que es un plan ‘de mierda’) y ha abandonado la llegada del AVE a Galicia. Dice Anxo Quintana, cacique de tercera y Presidente del BNG gallego, que esto evidencia que el ‘BNG decide en Madrid’. Yo más bien diría que el BNG ha aprobado una vergüenza (la no reprobación de la Ministra) con otra vergüenza (la compra de su voto). El BNG no puede engañarse y decir que tiene voz en Madrid. No la tiene. Se la han comprado. Su dignidad marca hoy un nuevo mínimo. Igual que la de Z.
Nací en Santiago de Compostela, y he vivido en Galicia toda mi vida. Considero positiva cualquier inversión en mi región. Pero no así. Dinero mafioso, votos comprados, chantajes nacionalistas… Eso no. Eso nunca. Z se supera a sí mismo.
Última Hora: La vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega reniega ahora de estas informaciones, ya confirmadas por el propio BNG y numerosos medios de comunicación. Esto implica que, además de superarse en necedad, Z y los suyos mienten una vez más. Suma y sigue.
viernes 30 de noviembre de 2007
lunes 26 de noviembre de 2007
La II Restauración (2008-2012)
El S. XIX español está lleno de pugnas entre el liberalismo y el Antiguo Régimen. Por cada Jovellanos hubo un Fernando VII; por cada ‘Trienio Liberal’, una ‘Década Ominosa’. La ‘Revolución Gloriosa’ de 1868 motivó el exilio de Isabel II, y esto propició dos escapes desesperados y radicales: primero, se proclamó Rey de España al italiano Amadeo de Saboya (católico y, a la vez, masón), cuyo mayor logro fue unir en la oposición a carlistas y republicanos; después, se proclamó la I República de España, que si bien no tuvo el clima pre-bélico de su hija, sí se caracterizó por un caos absoluto (como evidencia valga decir que tuvo cuatro presidentes en sólo once meses). La solución, en realidad, había estado ahí desde mucho antes. La solución era la moderación, el sentido común… Era el liberalismo.
Así las cosas, 1875 marca el comienzo de la Restauración Española. Se restauró la institución monárquica, pero también el sentido común en los gobernantes. Nace así un periodo con luces y sombras, pero cuyo balance es altamente positivo para España. De la mano de Cánovas del Castillo y los demás políticos de la Restauración, España tiene por fin un periodo prolongado de estabilidad institucional que permitió positivos cambios coyunturales en la economía y la sociedad.
En pleno S. XXI, nos enfrentamos a la misma situación que tuvieron que abordar los políticos de la Restauración. La legislatura que Rodríguez Zapatero ha comandado es culpable de haber socavado principios y consensos básicos de nuestra democracia. Por eso es necesario un cambio de gobierno y de gobernantes, porque estamos en un momento en el que es clave la regeneración democrática. Es la hora de la ‘II Restauración’.
La cuestión comienza en 2004, cuando el Presidente del Gobierno (ahora conocido como Z) decide soportar su Gobierno entorno a los partidos más radicales de la cámara. Es el caso de ERC, crepúsculo electoral catalán que, sin embargo, ha conseguido dirigir esta legislatura gracias a una deficiente Ley Electoral que sobredimensiona su representación, pero también gracias a la irresponsabilidad del PSOE, dispuesto a plegarse a sus exigencias.
Con estas alianzas, el PSOE ha pasado a ser, simplemente, el PSO. La ‘E’ de ‘español’ la ha perdido en el camino. Lo evidencian sus pactos con los secesionistas, pactos arrastrados desde el famoso encuentro del Tinell. Lo evidencia su total falta de decencia en Baleares, donde ha completado una coalición de seis partidos (la mayoría de ellos de objetivos pancatalanistas) que traiciona de nuevo esa ‘E’. La ‘E’ la han perdido también las Juventudes Socialistas, que piden un Gobierno en coalición entre socialistas navarros y Nafarroa Bai (otro partido anexionista, esta vez panvasquista). Las amistades de Z en política exterior son tan deplorables como sus alianzas domésticas. Da lo mismo pactar con la mercantilista y corrupta Unió Mallorquina que hacerlo con la izquierda republicana y radical de ERC. Todo vale. Y el Estado Español es el que lo sufre, y con él, todos los españoles.
Esa serie de pactos ha cristalizado con la aprobación de ciertos Estatutos de Autonomía y Presupuestos Generales que rompen con principios constitucionales básicos como la unidad de España o la igualdad entre los españoles. En definitiva, España no goza ya de coherencia institucional sobre la que soportar su unidad, como no goza de gobernantes responsables. Eso pide regeneración y restauración.
Por ello, es importante plantear la importancia de las Elecciones Generales de 2008. El PP, UPD y el Partido de la Ciudadanía-Ciudadanos se postulan como claros baluartes de esta vuelta al sentido común, de la recuperación de los consensos y el respeto constitucional que ha comandado los mejores años de nuestra democracia.
Esa ‘II Restauración’ pasa por la derrota del socialismo radical de Z y por una victoria de cualquiera de las formaciones antes mencionadas (si bien sólo el PP tiene posibilidades reales de conseguirlo, aunque un buen resultado de los partidos de Rosa Díez y Alberto Rivera ayudará). España sólo podrá ir a más si sabe centrar sus políticas en la igualdad, el respeto a la Constitución y la unidad territorial. Temas como el modelo de Estado no pueden estar a la merced del gobernante de turno, como tampoco lo merecen la Educación o la Economía. Y cuando un gobernante no está por la labor de ejercer su poder desde esa responsabilidad es cuando hay que pedir su relevo. Yo pido ese relevo. Yo pido una ‘II Restauración’.
Así las cosas, 1875 marca el comienzo de la Restauración Española. Se restauró la institución monárquica, pero también el sentido común en los gobernantes. Nace así un periodo con luces y sombras, pero cuyo balance es altamente positivo para España. De la mano de Cánovas del Castillo y los demás políticos de la Restauración, España tiene por fin un periodo prolongado de estabilidad institucional que permitió positivos cambios coyunturales en la economía y la sociedad.
En pleno S. XXI, nos enfrentamos a la misma situación que tuvieron que abordar los políticos de la Restauración. La legislatura que Rodríguez Zapatero ha comandado es culpable de haber socavado principios y consensos básicos de nuestra democracia. Por eso es necesario un cambio de gobierno y de gobernantes, porque estamos en un momento en el que es clave la regeneración democrática. Es la hora de la ‘II Restauración’.
La cuestión comienza en 2004, cuando el Presidente del Gobierno (ahora conocido como Z) decide soportar su Gobierno entorno a los partidos más radicales de la cámara. Es el caso de ERC, crepúsculo electoral catalán que, sin embargo, ha conseguido dirigir esta legislatura gracias a una deficiente Ley Electoral que sobredimensiona su representación, pero también gracias a la irresponsabilidad del PSOE, dispuesto a plegarse a sus exigencias.
Con estas alianzas, el PSOE ha pasado a ser, simplemente, el PSO. La ‘E’ de ‘español’ la ha perdido en el camino. Lo evidencian sus pactos con los secesionistas, pactos arrastrados desde el famoso encuentro del Tinell. Lo evidencia su total falta de decencia en Baleares, donde ha completado una coalición de seis partidos (la mayoría de ellos de objetivos pancatalanistas) que traiciona de nuevo esa ‘E’. La ‘E’ la han perdido también las Juventudes Socialistas, que piden un Gobierno en coalición entre socialistas navarros y Nafarroa Bai (otro partido anexionista, esta vez panvasquista). Las amistades de Z en política exterior son tan deplorables como sus alianzas domésticas. Da lo mismo pactar con la mercantilista y corrupta Unió Mallorquina que hacerlo con la izquierda republicana y radical de ERC. Todo vale. Y el Estado Español es el que lo sufre, y con él, todos los españoles.
Esa serie de pactos ha cristalizado con la aprobación de ciertos Estatutos de Autonomía y Presupuestos Generales que rompen con principios constitucionales básicos como la unidad de España o la igualdad entre los españoles. En definitiva, España no goza ya de coherencia institucional sobre la que soportar su unidad, como no goza de gobernantes responsables. Eso pide regeneración y restauración.
Por ello, es importante plantear la importancia de las Elecciones Generales de 2008. El PP, UPD y el Partido de la Ciudadanía-Ciudadanos se postulan como claros baluartes de esta vuelta al sentido común, de la recuperación de los consensos y el respeto constitucional que ha comandado los mejores años de nuestra democracia.
Esa ‘II Restauración’ pasa por la derrota del socialismo radical de Z y por una victoria de cualquiera de las formaciones antes mencionadas (si bien sólo el PP tiene posibilidades reales de conseguirlo, aunque un buen resultado de los partidos de Rosa Díez y Alberto Rivera ayudará). España sólo podrá ir a más si sabe centrar sus políticas en la igualdad, el respeto a la Constitución y la unidad territorial. Temas como el modelo de Estado no pueden estar a la merced del gobernante de turno, como tampoco lo merecen la Educación o la Economía. Y cuando un gobernante no está por la labor de ejercer su poder desde esa responsabilidad es cuando hay que pedir su relevo. Yo pido ese relevo. Yo pido una ‘II Restauración’.
domingo 11 de noviembre de 2007
¿Por qué no te callas?
Desde el primer hasta el último día, Francisco Franco ‘legitimó’ su dictadura mediante la política exterior. El dictador disfrazó su guerra de ‘cruzada’ y su régimen, de trinchera anti-comunista. Eso le valió el favor de las potencias mundiales, que renunciaron a actuar contra el franquismo y hasta colaboraron con la dictadura.
Ahora, en pleno S. XXI, ese hombre que compite en tiranía con Fidel Castro y en ignorancia con Evo Morales, legitima su régimen de falsa democracia mediante sus extravagantes proclamas contra lo que él llama genéricamente ‘Occidente’. Chávez, al que ya se dedicó un artículo en esta bitácora, se presenta como el bueno y los demás serán, lógicamente, los malos. Bajo esa premisa, y una vez eliminada la oposición (política, mediática…), es evidente que el pueblo asociará su miseria con ‘Occidente’ y olvidará la corrupción y el despotismo totalitario que les gobierna y motiva realmente esa miseria.
Por eso, porque persigue la ‘colectivización’ (como todo izquierdista) y no la defensa de la libertad individual, le molesta tanto José María Aznar. Le molesta porque Aznar es una de las pocas formas de oposición que le quedan a un hombre que en su país ha encarcelado a sus adversarios políticos y cerrado todos los medios de comunicación que han intentado despertar al pueblo de este mal sueño llamado Chávez.
El fabuloso trabajo de la Fundación FAES del ex presidente español es ya una referencia internacional. Libros como ‘América Latina: una agenda de libertad’ demuestran que ese compromiso intelectual es real y de amplia acogida en varios continentes.
Eso no puede gustar a Chávez. Por eso ha dedicado media Cumbre Iberoamericana a insultar a José María Aznar, llamándole ‘fascista’ (gracioso término viniendo de su boca) en reiteradas ocasiones. Ante tal comportamiento, nuestro querido presidente Zapatero puso en práctica ese ‘buenismo’ al que nos tiene acostumbrados, pidiendo respeto pero a la vez apelando al diálogo. Sigue sin darse cuenta de una cosa: no se puede dialogar con todo el mundo ni sobre cualquier cosa. Existen los principios.
Le pasó con ETA, creyendo que como representante de todos los españoles podía igualarnos con una banda de asesinos y negociar con ellos como quien acude al banco para solicitar un crédito.
Le pasa ahora con Chávez, porque se ha empeñado en abrazar lo que queda del socialismo más radical (de ahí su amistad con Chávez y Evo Morales y su política de acercamiento con Fidel Castro) en vez de situar a España donde merece su importancia económica, cultural e histórica (es decir, junto a Francia, Alemania, Gran Bretaña, EEUU…).
Ese dialogo ha permitido una posición de preponderancia a quien no la tiene. Por eso ha tenido que intervenir el Rey Juan Carlos I, porque la diplomacia de Zapatero es tan ridícula que el presidente francés Nicolás Sarkozy tuvo que ir al Chad al rescate de las azafatas españolas retenidas, mientras el gobierno mostraba hasta qué punto nos hemos convertido en un crepúsculo de la política internacional.
Ese ‘¿Por qué no te callas?’ que escuchamos de boca del Rey viene de un hombre que sabe lo que es el fascismo y lo que es la democracia, y ha optado por defender lo segundo; viene de un hombre que goza de un prestigio internacional indiscutible. En definitiva, viene de un hombre que sólo por el hecho de tener que sentarse en la misma mesa que Evo Morales y Hugo Chávez tiene derecho a sentir la más profunda vergüenza. Y España no tiene por qué soportar la ofensa de un hombre que olvida que la democracia no consiste en organizar unas elecciones (en su caso, amañarlas y celebrarlas en la ausencia de oposición política previamente conseguida). La democracia viene del comportamiento democrático, de garantizar día tras día un marco legal y político en el que se viva en libertad. Eso no ocurre en Venezuela.
La conclusión es que la diplomacia española es insignificante, y por eso ha tenido que intervenir el Rey. Moratinos compite en incompetencia y necedad con Magdalena Álvarez. Zapatero, por su parte, ha decidido convertir un partido político en una productora de vídeos de serie B y ha conseguido el aislamiento de España en el mundo.
Qué curiosa es la historia. Eso, el aislamiento, es lo mismo que persiguió Franco durante cuarenta años.
Ahora, en pleno S. XXI, ese hombre que compite en tiranía con Fidel Castro y en ignorancia con Evo Morales, legitima su régimen de falsa democracia mediante sus extravagantes proclamas contra lo que él llama genéricamente ‘Occidente’. Chávez, al que ya se dedicó un artículo en esta bitácora, se presenta como el bueno y los demás serán, lógicamente, los malos. Bajo esa premisa, y una vez eliminada la oposición (política, mediática…), es evidente que el pueblo asociará su miseria con ‘Occidente’ y olvidará la corrupción y el despotismo totalitario que les gobierna y motiva realmente esa miseria.
Por eso, porque persigue la ‘colectivización’ (como todo izquierdista) y no la defensa de la libertad individual, le molesta tanto José María Aznar. Le molesta porque Aznar es una de las pocas formas de oposición que le quedan a un hombre que en su país ha encarcelado a sus adversarios políticos y cerrado todos los medios de comunicación que han intentado despertar al pueblo de este mal sueño llamado Chávez.
El fabuloso trabajo de la Fundación FAES del ex presidente español es ya una referencia internacional. Libros como ‘América Latina: una agenda de libertad’ demuestran que ese compromiso intelectual es real y de amplia acogida en varios continentes.
Eso no puede gustar a Chávez. Por eso ha dedicado media Cumbre Iberoamericana a insultar a José María Aznar, llamándole ‘fascista’ (gracioso término viniendo de su boca) en reiteradas ocasiones. Ante tal comportamiento, nuestro querido presidente Zapatero puso en práctica ese ‘buenismo’ al que nos tiene acostumbrados, pidiendo respeto pero a la vez apelando al diálogo. Sigue sin darse cuenta de una cosa: no se puede dialogar con todo el mundo ni sobre cualquier cosa. Existen los principios.
Le pasó con ETA, creyendo que como representante de todos los españoles podía igualarnos con una banda de asesinos y negociar con ellos como quien acude al banco para solicitar un crédito.
Le pasa ahora con Chávez, porque se ha empeñado en abrazar lo que queda del socialismo más radical (de ahí su amistad con Chávez y Evo Morales y su política de acercamiento con Fidel Castro) en vez de situar a España donde merece su importancia económica, cultural e histórica (es decir, junto a Francia, Alemania, Gran Bretaña, EEUU…).
Ese dialogo ha permitido una posición de preponderancia a quien no la tiene. Por eso ha tenido que intervenir el Rey Juan Carlos I, porque la diplomacia de Zapatero es tan ridícula que el presidente francés Nicolás Sarkozy tuvo que ir al Chad al rescate de las azafatas españolas retenidas, mientras el gobierno mostraba hasta qué punto nos hemos convertido en un crepúsculo de la política internacional.
Ese ‘¿Por qué no te callas?’ que escuchamos de boca del Rey viene de un hombre que sabe lo que es el fascismo y lo que es la democracia, y ha optado por defender lo segundo; viene de un hombre que goza de un prestigio internacional indiscutible. En definitiva, viene de un hombre que sólo por el hecho de tener que sentarse en la misma mesa que Evo Morales y Hugo Chávez tiene derecho a sentir la más profunda vergüenza. Y España no tiene por qué soportar la ofensa de un hombre que olvida que la democracia no consiste en organizar unas elecciones (en su caso, amañarlas y celebrarlas en la ausencia de oposición política previamente conseguida). La democracia viene del comportamiento democrático, de garantizar día tras día un marco legal y político en el que se viva en libertad. Eso no ocurre en Venezuela.
La conclusión es que la diplomacia española es insignificante, y por eso ha tenido que intervenir el Rey. Moratinos compite en incompetencia y necedad con Magdalena Álvarez. Zapatero, por su parte, ha decidido convertir un partido político en una productora de vídeos de serie B y ha conseguido el aislamiento de España en el mundo.
Qué curiosa es la historia. Eso, el aislamiento, es lo mismo que persiguió Franco durante cuarenta años.