
Aprovechando la parálisis económica que sufre Andalucía, el PP de Javier Arenas se ha puesto a trabajar con vistas a conquistar, por fin, el voto de los andaluces que, hasta el momento, se le ha resistido una y otra vez a los populares.
Repasando la historia podemos ver como el PSOE andaluz no ha bajado de los 45 escaños en sus ocho citas con las urnas. Esa fortaleza empezó a peligrar en las Elecciones de 2008, cuando pese a la celebración de Elecciones Generales en la misma fecha, los socialistas se dejaron cinco escaños frente al PP de Javier Arenas.
Los comicios de 2008 fueron también especiales porque eliminaron del arco parlamentario al Partido Andalucista, que se dejó otros cinco asientos parlamentarios que recogió el Partido Popular.
Así las cosas, se ha consolidado un parlamento a tres bandas, en el que el PSOE ha dispuesto de 56 diputados autonómicos frente a los 47 del PP y los 6 de Izquierda Unida, que repitió sus cifras de 2004.
Sin embargo, las Elecciones Europeas no acabaron de respaldar la tendencia al alza del Partido Popular. La diferencia entre el PP y el PSOE fue de algo más de 200,000 votos, una distancia que porcentualmente se tradujo en un 48% para los socialistas y un 39% para el PP.
¿Qué hace entonces diferentes las Elecciones de 2012? Manuel Chaves ya no será el candidato del PSOE, y por primera vez en la historia se han publicado sondeos electorales que vaticinan una victoria del partido encabezado por Javier Arenas.
El PP lo sabe, y no se ha resignado a acoger los datos con una sonrisa. Al contrario: desde el verano de 2009, los populares han multiplicado el número de encuentros sectoriales celebrados, y se han celebrado grandes actos en Dos Hermanas, Alcalá de los Gazules, Atarfe o Bormujos.
¿Por qué esas localidades y no las grandes ciudades andaluzas? Muy sencillo: en el PP saben que el voto urbano no les va a fallar, y hasta sueñan con la mayoría absoluta en la emblemática Sevilla. Sin embargo, la estrategia del PP necesitaba salir de la ciudad y acercarse al campo andaluz, caladero de votos de los socialistas donde los populares aún son minoría.
La estrategia es arriesgada, pero arrancó con un éxito monumental en Dos Hermanas, un feudo del socialismo andaluz en el que Felipe González, Manuel Chaves, Alfonso Guerra y Rodríguez Zapatero habían protagonizado en el pasado muchos eventos multitudinarios.
El PP llenó el velódromo de la ciudad, congregando a 30,000 personas en un acto en el que incluso se bailó al ritmo de dos grupos musicales muy populares en Andalucía como son Los del Río y Siempre Así.

El evento transmitió un claro ambiente festivo, tal y como relatan las crónicas que recogieron los bailes de Soraya Sáenz de Santamaría al ritmo de "La Macarena" o la "visita" del joven hijo de Juan Ignacio Zoido, de apenas de dos años de edad, al podio desde el que hablaba Mariano Rajoy.
El lleno en Dos Hermanas fue espectacular, lo que respaldó la arriesgada apuesta del PP andaluz y llenó de moral a un partido que muchos creían condenado a la oposición por no "remangarse la camisa" y apostar por algo más que las ciudades andaluzas.
Así, con el acto de Dos Hermanas en la memoria, el PP pasó a la acción con dos nuevos retos: la sevillana localidad de Bormujos y el municipio granadino de Atarfe. Rajoy acompañó a Javier Arenas en ambos actos, y el resultado fue también muy positivo, sobre todo en Atarfe, donde la plaza de toros en la que se celebró el evento estaba llena hasta la bandera.
El efecto psicológico de todos estos actos es más que notable. El PP andaluz ha dado por fin con una fórmula capaz de generar una corriente de opinión favorable a su proyecto. Al mismo tiempo, los populares están desgastando la moral de los socialistas andaluces, lo que complicará su movilización electoral de cara a las próximas Autonómicas y Generales.
Sin embargo, la estrategia del PP no se ha quedado en los actos comentados. Faltaba un reto más: Alcalá de los Gazules. Rajoy y Arenas llevaron su campaña a la localidad gaditana, cuna de Bibiana Aído o de Luis Pizarro. Pese a que el municipio apenas tiene 5,000 habitantes, el PP congregó a más de 3,500 personas, un nuevo éxito de esta estrategia.
Si el PP es capaz de perseverar en esta línea, entonces conseguirá normalizar su presencia electoral en una comunidad que, de momento, se le resiste. Este es el camino para el PP de Andalucía: el trabajo a pie de calle, con la gente, en los pueblos y localidades que aún no le han dado su apoyo.
Quedarse en las ciudades ya no tiene sentido para los de Javier Arenas: el "cambio" que defiende su partido pasa inevitablemente por mantener el "espíritu de Dos Hermanas" en los próximos años.
El auge de las redes sociales pone de manifiesto un principio de comunicación básico: la cercanía personal. Sí, queremos creatividad y entretenimiento, pero al final del día necesitamos a personas como nosotros que nos atiendan en el punto de venta, que nos cojan el teléfono para aclarar nuestras dudas, que nos aconsejen sobre nuestras decisiones. Después del mensaje y del producto queremos ver a una persona. Miren como ING Direct está abriendo oficinas: saben que necesitan ponerle rostro humano a su entidad para conseguir la confianza de los ciudadanos en tiempos de crisis.
En internet conviven relaciones personales ya establecidas con el contacto con desconocidos. No importa quién está al otro lado, lo importante es que nos ofrezca una oportunidad de interacción social, una conversación, un diálogo...
En la comunicación política, la militancia se está convirtiendo en un elemento cada vez más importante a la hora de explicar un programa político. Ya no se le encomienda la labor de colocarse detrás de los candidatos en los actos de campaña. Ahora importa su trabajo puerta por puerta, votante a votante. En sus manos está ahora, más que nunca, maximizar el mensaje del partido y del candidato.
La militancia tiene la ventaja de ser parte de la "sociedad civil", lo que genera mucha más empatía en la audiencia que el mensaje de un político, de quien se presuponen ciertos intereses desde el comienzo de su intervención. Los partidos tienen que apostar por contar sus ideas a través de ellos, de las personas que pueden convertir el mensaje institucional en el mensaje de la calle.
Ahora más que nunca, una buena comunicación interna con los afiliados es importante para implicarles en el trabajo de la campaña y conseguir los mejores resultados posibles. No podemos desperdiciar el capital humano y el entusiasmo de quienes no sólo simpatizan con un partido, sino que lo financian tambien con sus cuotas de afiliación. Las personas son el motor de los partidos. De eso nos damos cuenta ahora, cuando los medios sociales devuelven al individuo parte del poder de mediación social que habían concentrado la televisión, la prensa y la radio.
Candidatos como Howard Dean, Ron Paul y, sobre todo, Barack Obama, han conseguido resultados mucho mayores de los esperados cuando comenzaron sus campañas a la presidencia de EEUU gracias a su trabajo con las bases. En este 2010 de elecciones en EEUU veremos muchos "moneybombs", nombre que se le da a días señalados en los que los candidatos se marcan metas específicas de financiación con las que estimulan la participación de los donantes. Si un candidato se marca $1 millón de dólares como objetivo para el próximo martes, la militancia y la campaña movilizarán a todo aquel que le apoye de forma que esa cifra se haga realidad. Está demostrado que ofrecer los datos en tiempo real estimula a los donantes a seguir el proceso de forma activa, involucrándose hasta el punto de donar más dinero aún o de llamar a sus amigos y conocidos para invitarles a hacer lo propio.
El trabajo puerta a puerta de nuestros militantes, también llamado "grassroots", es tan influyente que en los últimos años hay cada vez más "grupos artificiales" ("astroturfing") creados o apoyados por una organización pero explicados siempre como un colectivo ciudadano. Actualmente vemos en Galicia como el BNG canaliza su discurso lingüístico a través de la plataforma "Queremos Galego", que ha convocado ya varias manifestaciones en la presente legislatura.
Otro ejemplo importante son las campañas de afiliación. Hace mucho que no vemos un gran esfuerzo nacional en España, con la excepción de UPyD o Ciudadanos, que han conseguido levantar su estructura de la mano de personas que confiaban en su proyecto y han aportado dinero de su bolsillo para financiarlo.
El PP de Galicia, por citar otro caso, invitó a quienes creyesen en el proyecto del entonces recién proclamado candidato Núñez Feijóo a que se afiliasen. La campaña se llamaba "Hay partido... ¿Juegas?" y se planteó con un tono deportivo que sedujo a 10,000 nuevos afiliados.
A nivel nacional, el PP tiene alrededor de 700,000 afiliados... ¿No sería un buen momento de intentar hacer crecer esa cifra con una campaña ilusionante que añada músculo humano al partido? Seguro que funcionaría entre los simpatizantes más entusiastas, y sería una forma de renovar compromisos e iniciar una necesaria apertura de un partido aún algo deficitario en lo que a democracia interna se refiere (por poner un ejemplo, hubo 3,000 compromisarios en el Congreso de Valencia que reeligió a Rajoy como líder del PP en 2008. Las cuentas salen a 233 personas representadas en un compromisario... Si bien sólo se formalizó la candidatura de Rajoy, ¿no sería mejor que todos los afiliados hubiesen elegido candidato en su provincia y ante las urnas?).
En México, el PAN del presidente Calderón aumentó en más de 350,000 su número de afiliados tras una campaña destinada a enriquecer y aumentar el tamaño de su base. Se basó en ilusionar a las personas, abrir el partido a la ciudadanía y agilizar los procesos de afiliación. El resultado rebasó las previsiones y fue un éxito en toda regla.
El futuro es de las personas, y crear redes de influencia social desde las campañas es muy importante para llevar a buen puerto el rumbo y la estrategia marcadas.
En internet conviven relaciones personales ya establecidas con el contacto con desconocidos. No importa quién está al otro lado, lo importante es que nos ofrezca una oportunidad de interacción social, una conversación, un diálogo...
En la comunicación política, la militancia se está convirtiendo en un elemento cada vez más importante a la hora de explicar un programa político. Ya no se le encomienda la labor de colocarse detrás de los candidatos en los actos de campaña. Ahora importa su trabajo puerta por puerta, votante a votante. En sus manos está ahora, más que nunca, maximizar el mensaje del partido y del candidato.
La militancia tiene la ventaja de ser parte de la "sociedad civil", lo que genera mucha más empatía en la audiencia que el mensaje de un político, de quien se presuponen ciertos intereses desde el comienzo de su intervención. Los partidos tienen que apostar por contar sus ideas a través de ellos, de las personas que pueden convertir el mensaje institucional en el mensaje de la calle.
Ahora más que nunca, una buena comunicación interna con los afiliados es importante para implicarles en el trabajo de la campaña y conseguir los mejores resultados posibles. No podemos desperdiciar el capital humano y el entusiasmo de quienes no sólo simpatizan con un partido, sino que lo financian tambien con sus cuotas de afiliación. Las personas son el motor de los partidos. De eso nos damos cuenta ahora, cuando los medios sociales devuelven al individuo parte del poder de mediación social que habían concentrado la televisión, la prensa y la radio.
Candidatos como Howard Dean, Ron Paul y, sobre todo, Barack Obama, han conseguido resultados mucho mayores de los esperados cuando comenzaron sus campañas a la presidencia de EEUU gracias a su trabajo con las bases. En este 2010 de elecciones en EEUU veremos muchos "moneybombs", nombre que se le da a días señalados en los que los candidatos se marcan metas específicas de financiación con las que estimulan la participación de los donantes. Si un candidato se marca $1 millón de dólares como objetivo para el próximo martes, la militancia y la campaña movilizarán a todo aquel que le apoye de forma que esa cifra se haga realidad. Está demostrado que ofrecer los datos en tiempo real estimula a los donantes a seguir el proceso de forma activa, involucrándose hasta el punto de donar más dinero aún o de llamar a sus amigos y conocidos para invitarles a hacer lo propio.
El trabajo puerta a puerta de nuestros militantes, también llamado "grassroots", es tan influyente que en los últimos años hay cada vez más "grupos artificiales" ("astroturfing") creados o apoyados por una organización pero explicados siempre como un colectivo ciudadano. Actualmente vemos en Galicia como el BNG canaliza su discurso lingüístico a través de la plataforma "Queremos Galego", que ha convocado ya varias manifestaciones en la presente legislatura.
Otro ejemplo importante son las campañas de afiliación. Hace mucho que no vemos un gran esfuerzo nacional en España, con la excepción de UPyD o Ciudadanos, que han conseguido levantar su estructura de la mano de personas que confiaban en su proyecto y han aportado dinero de su bolsillo para financiarlo.
El PP de Galicia, por citar otro caso, invitó a quienes creyesen en el proyecto del entonces recién proclamado candidato Núñez Feijóo a que se afiliasen. La campaña se llamaba "Hay partido... ¿Juegas?" y se planteó con un tono deportivo que sedujo a 10,000 nuevos afiliados.
A nivel nacional, el PP tiene alrededor de 700,000 afiliados... ¿No sería un buen momento de intentar hacer crecer esa cifra con una campaña ilusionante que añada músculo humano al partido? Seguro que funcionaría entre los simpatizantes más entusiastas, y sería una forma de renovar compromisos e iniciar una necesaria apertura de un partido aún algo deficitario en lo que a democracia interna se refiere (por poner un ejemplo, hubo 3,000 compromisarios en el Congreso de Valencia que reeligió a Rajoy como líder del PP en 2008. Las cuentas salen a 233 personas representadas en un compromisario... Si bien sólo se formalizó la candidatura de Rajoy, ¿no sería mejor que todos los afiliados hubiesen elegido candidato en su provincia y ante las urnas?).
En México, el PAN del presidente Calderón aumentó en más de 350,000 su número de afiliados tras una campaña destinada a enriquecer y aumentar el tamaño de su base. Se basó en ilusionar a las personas, abrir el partido a la ciudadanía y agilizar los procesos de afiliación. El resultado rebasó las previsiones y fue un éxito en toda regla.
El futuro es de las personas, y crear redes de influencia social desde las campañas es muy importante para llevar a buen puerto el rumbo y la estrategia marcadas.
La comunicación de Sebastián Piñera en las Elecciones Presidenciales de Chile se recordará en Latinoamérica durante muchos de los años próximos, con independencia del resultado final. El centro-derecha chileno busca conseguir, de una vez por todas, una victoria que le permita acceder al Palacio de la Moneda que aún ocupa Michelle Bachelet.
En la interesante primera vuelta, tres candidatos de izquierda se repartieron el voto:
- Jorge Arrate encabezó un movimiento extraparlamentario, comunista y reivindicativo de Allende que apenas consiguió apoyos, quedándose en un 6% de los votos en la primera vuelta de los comicios.
- Marco Enríquez-Ominami presidió una campaña dinámica e independiente, alineado ideológicamente con el "socialismo del S. XXI" de presidentes como Hugo Chávez pero proyectado por la campaña como una suerte de outsider, un candidato reformista frente al establishment que aprovechó la debilidad de la candidatura de la hegemónica Concertación para sumar un 20% de los votos.
- Eduardo Frei, ex presidente chileno y cabeza de la candidatura de la oficialista Concertación. Su campaña optó por un mensaje tranquilo, con ciertas apelaciones al "voto útil" frente a Piñera. Frei, sin embargo, no fue un presidente de grandes resultados en su anterior estancia en el poder, y su lista sólo obtuvo un 29% de los votos en la primera vuelta.
Frente a los tres candidatos, Sebastián Piñera alcanzó un 44% que ha alimentado las esperanzas de la Coalición por el Cambio, que lleva años fracasando en su intento de llegar a la presidencia.
Piñera ha propuesto un proceso de reforma, no de ruptura, respecto a la gestión de Bachelet. Ese mensaje ha estado acompañado de una campaña de lo más dinámica e inspirada, creada por la Agencia Storm. A continuación, algunos clips de la misma.
En el primero, vemos como el mensaje de su candidatura ha sido especialmente alegre, eludiendo posibles polémicas sobre el pasado y escapando a menudo el debate directo frente a los oponentes.
En la siguienta pieza vemos a Piñera abrazando la causa de la pobreza como prioridad de su programa de gobierno. De esta forma, se rompe con posibles identificaciones de la "derecha política" con la "élite socioeconómica".
El vídeo que vemos a continuación enseña a Piñera jugando al fútbol con algunos de sus asesores y compañeros de campaña. El vídeo, pensado para internet, se une a otras muchas piezas creadas exclusivamente para las redes sociales e internet, en las que se abraza un mensaje más informal y dinámico.
Finalmente, ilustramos el tono épico que también ha estado presente en todo el proceso, conectando con la proyección "mesiánica" de líderes como Barack Obama.
Debido al mensaje independiente que ha adoptado Piñera, Frei se ha visto obligado a recurrir a mensajes más críticos, más negativos, menos alegres y optimistas, lo que unido a su trayectoria pasada le ha identificado como un candidato arisco y algo reaccionario.
A continuación vemos como los testimoniales de su campaña han apelado al "voto del miedo", identificando a Piñera con la privatización de la sanidad chilena, pese a que ese mensaje nunca ha sido defendido por la campaña del empresario.
El siguiente clip incluye una parodia de la campaña de Mastercard "Hay cosas que el dinero no puede comprar", en referencia a la fortuna personal de Sebastián Piñera.
A continuación, incluímos también el comienzo del debate presidencial a dos entre Piñera y Frei. Llama la atención, al margen del fabuloso formato abierto al periodismo y la crítica del cara a cara, como Frei inaugura su intervención enarbolando el discurso de la "memoria histórica", identificando de forma subliminal al centro-derecha de Piñera con la dictadura militar de Pinochet.
El mensaje de Frei se ha perdido entre el discurso propio y la necesidad de adoptar las posturas menos moderadas de los que dieron su voto a Ominami y Arrate. A su favor, eso sí, juega la aparente dificultad de Piñera para ampliar sus apoyos más allá de los conseguidos en la primera vuelta.
Si Frei es capaz de atraer al grueso de votantes de izquierda, la mayoría social estará - por poco - de su lado. Sin embargo, cada voto que Piñera añada a su importante resultado de diciembre alejará más y más a Frei del triunfo final.
Por ello, esta segunda vuelta ha sido especialmente importante, ya que en la capacidad de las campañas para atraer votantes de otros candidatos radican las posibilidades de éxito de los candidatos.
Desde el punto de vista de la comunicación, ese reto es especialmente exigente, ya que la cuestión final se decidirá menos que nunca en términos verdaderamente ideológicos. La percepción, la imagen, pesará por encima de todo.
En la interesante primera vuelta, tres candidatos de izquierda se repartieron el voto:
- Jorge Arrate encabezó un movimiento extraparlamentario, comunista y reivindicativo de Allende que apenas consiguió apoyos, quedándose en un 6% de los votos en la primera vuelta de los comicios.
- Marco Enríquez-Ominami presidió una campaña dinámica e independiente, alineado ideológicamente con el "socialismo del S. XXI" de presidentes como Hugo Chávez pero proyectado por la campaña como una suerte de outsider, un candidato reformista frente al establishment que aprovechó la debilidad de la candidatura de la hegemónica Concertación para sumar un 20% de los votos.
- Eduardo Frei, ex presidente chileno y cabeza de la candidatura de la oficialista Concertación. Su campaña optó por un mensaje tranquilo, con ciertas apelaciones al "voto útil" frente a Piñera. Frei, sin embargo, no fue un presidente de grandes resultados en su anterior estancia en el poder, y su lista sólo obtuvo un 29% de los votos en la primera vuelta.
Frente a los tres candidatos, Sebastián Piñera alcanzó un 44% que ha alimentado las esperanzas de la Coalición por el Cambio, que lleva años fracasando en su intento de llegar a la presidencia.
Piñera ha propuesto un proceso de reforma, no de ruptura, respecto a la gestión de Bachelet. Ese mensaje ha estado acompañado de una campaña de lo más dinámica e inspirada, creada por la Agencia Storm. A continuación, algunos clips de la misma.
En el primero, vemos como el mensaje de su candidatura ha sido especialmente alegre, eludiendo posibles polémicas sobre el pasado y escapando a menudo el debate directo frente a los oponentes.
En la siguienta pieza vemos a Piñera abrazando la causa de la pobreza como prioridad de su programa de gobierno. De esta forma, se rompe con posibles identificaciones de la "derecha política" con la "élite socioeconómica".
El vídeo que vemos a continuación enseña a Piñera jugando al fútbol con algunos de sus asesores y compañeros de campaña. El vídeo, pensado para internet, se une a otras muchas piezas creadas exclusivamente para las redes sociales e internet, en las que se abraza un mensaje más informal y dinámico.
Finalmente, ilustramos el tono épico que también ha estado presente en todo el proceso, conectando con la proyección "mesiánica" de líderes como Barack Obama.
Debido al mensaje independiente que ha adoptado Piñera, Frei se ha visto obligado a recurrir a mensajes más críticos, más negativos, menos alegres y optimistas, lo que unido a su trayectoria pasada le ha identificado como un candidato arisco y algo reaccionario.
A continuación vemos como los testimoniales de su campaña han apelado al "voto del miedo", identificando a Piñera con la privatización de la sanidad chilena, pese a que ese mensaje nunca ha sido defendido por la campaña del empresario.
El siguiente clip incluye una parodia de la campaña de Mastercard "Hay cosas que el dinero no puede comprar", en referencia a la fortuna personal de Sebastián Piñera.
A continuación, incluímos también el comienzo del debate presidencial a dos entre Piñera y Frei. Llama la atención, al margen del fabuloso formato abierto al periodismo y la crítica del cara a cara, como Frei inaugura su intervención enarbolando el discurso de la "memoria histórica", identificando de forma subliminal al centro-derecha de Piñera con la dictadura militar de Pinochet.
El mensaje de Frei se ha perdido entre el discurso propio y la necesidad de adoptar las posturas menos moderadas de los que dieron su voto a Ominami y Arrate. A su favor, eso sí, juega la aparente dificultad de Piñera para ampliar sus apoyos más allá de los conseguidos en la primera vuelta.
Si Frei es capaz de atraer al grueso de votantes de izquierda, la mayoría social estará - por poco - de su lado. Sin embargo, cada voto que Piñera añada a su importante resultado de diciembre alejará más y más a Frei del triunfo final.
Por ello, esta segunda vuelta ha sido especialmente importante, ya que en la capacidad de las campañas para atraer votantes de otros candidatos radican las posibilidades de éxito de los candidatos.
Desde el punto de vista de la comunicación, ese reto es especialmente exigente, ya que la cuestión final se decidirá menos que nunca en términos verdaderamente ideológicos. La percepción, la imagen, pesará por encima de todo.